Polémico, extrovertido, directo, amante de la pelota, exdirigente y ahora entrenador. Ese es Eduardo Pimentel, directivo de Boyacá Chico, un hombre que regresó al camerino por pasión y en un lugar retirado de Boyacá, toma fuerza para afrontar cada juego. La tranquilidad con la que ve el mundo del balón, le permite aceptar un seguimiento más cercano a su trabajo, ingresar a ese conclave futbolero que pocos entrenadores permiten entrar, la charla técnica. Allí es donde este bogotano, lidiado en varias plazas calienta motores. Junto a él está Nicolás, hijo y gerente del Boyacá Chico. Y es en los estadios donde Eduardo Pimentel deja ver su pasión que siente al dirigir.