El futurismo
El futurismo fue un movimiento cultural de vanguardia surgido en Italia en 1909. Buscaba la renovación artística a través de la ruptura total con el arte antiguo y la imposición de una nueva estética basada en la máquina, la velocidad y la lucha. Así, se mostraban partidarios destruir las bibliotecas y la tradición y sentían un rechazo por el feminismo, el moralismo o las academias.
El 20 de febrero de 1909 Tommaso Marinetti inaugura el movimiento con la publicación de su Manifiesto futurista en el diario francés de Le Fígaro. Este manifiesto, que se ha convertido en una de las obras principales del propio ismo, comienza exaltando las ideas de la acción, la lucha, el peligro, la temeridad y el movimiento agresivo.
Así el futurismo reacciona contra el inmovilismo y la reflexión del arte anterior, presentando una clara predilección por todo lo relacionado con la velocidad y el movimiento de la máquina, los nuevos inventos y el mundo de la ciudad.
En el manifiesto afirman que “un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia”. Con esta sentencia dejan clara su ruptura con la tradición, a la que atacan además señalando que el mal que padece la sociedad cultural está provocado por los profesores, arqueólogos, los cicerones y los anticuarios, guardianes de unos museos y unas bibliotecas que los futuristas proponen destruir.
En el Manifiesto técnico de la literatura futurista proponen destruir la sintaxis, el empleo del verbo en infinitivo para aportar mayor acción y despersonalizar el mensaje, abolir los adjetivos y darle total protagonismo a los sustantivos. Como se busca la rapidez también se propone acabar con las locuciones conjuntivas, los puntos y la métrica. Como introducción novedosa Marinetti hace uno de signos matemáticos y musicales.
Otros de los pilares del futurismo de Marinetti es su predilección por la lucha, su amor al peligro constante. “No hay belleza sino en la lucha” afirma o “Queremos glorificar la guerra —única higiene del mundo—, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere” .
Ello no sólo llevará al movimiento a la lucha verbal en el arte, sino a la propia lucha física, enrolándose muchos de sus seguidores en el ejército y participen en las Guerras Mundiales.
Siguiendo esa línea el futurismo estuvo a punto de convertirse en partido político, pero terminó finalmente por anexionarse a la ideología fascistas de Mussolini y ser durante algún tiempo el brazo cultural de esta doctrina, que acabaría con el correr de los días por darle sepultura.
El futurismo, que tuvo por cuna Milán, no tardó en ampliarse a otros campos culturales. Así, los pintores Umberto Boccioni y Giacomo Balla aplicaron los principios de Marinetti a sus cuadros, muy influidos en el inicio por el otro ismo revolucionado: el cubismo.
Posteriormente el futurismo pictórico alcanzó status propio, al diferenciarse del cubismo por la representación de la velocidad. Para alcanzarla, los pintores futuristas llenan sus cuadros de colores resplandecientes, multitud de líneas dinámicas o transparencias que buscan imprimir la sensación de un movimiento acelerado.
En cuanto a España, el futurismo entró en la Península a través de la Revista Prometeo, concretamente de la Mano de Ramón Gómez de la Serna, quien alabó desde sus inicios muchos de sus postulados. Aunque no no creó escuela directamente, sí que muchos autores autores escribieron algunos poemas con este estilo. Entre ellos tenemos a Guillermo de Torre, Alberti o Pedro Salinas.
Pues hasta aquí amigos nuestro repaso por el futurismo, un movimiento de vanguardia que a pesar de no revolucionar directamente el mundo artistico si que dejó una huella secundaria de profundo calado.
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