Casi a las 11 horas, doblaron las campanas de la parroquia de San Andrés Apóstol, en Ciudad Serdán, Puebla. El féretro con el oficial Juan Pablo Muñoz se encaminó hacia el templo, escoltado por una veintena de patrullas. Las sirenas de las unidades opacaron el sonido lastimero de los deudos, pero nunca la tragedia de familiares y amigos.
Juan Pablo fue uno de los tres oficiales de la Policía Federal Preventiva (PFP) asesinados a balazos en la autopista Puebla-Orizaba, a la altura del municipio de Esperanza, por un número de sicarios indeterminado.
El edificio religioso envuelto por el luto cobijó el sermón del sacerdote Arturo Tentle, quien hizo énfasis en la ola de violencia que aqueja al país y que, en esta ocasión, llegó a manchar territorio poblano.