"En una mesita de aquel "despacho de bebidas" del almacén de mis abuelos sirios donde viví mi infancia al quedar huérfano de padre siendo muy niño, me encontraba yo aquella noche del '61 -tenía entonces 19 años- dibujando en una cartulina los personajes de la revista "Hora Cero", la que revolucionó la década del '60 con los fundamentales nombres de los historietistas Alberto Bresccia, Hugo Pratt, Carlos Roume, etcétera. Por entonces, aunque ya tenía una guitarra Nuñez para el rasgueo nomás y comenzaba a leer mi primer libro de cabecera: el Martín Fierro... la única y gran pasión que me desvelaba era la del dibujo. Mientras hacía mis bocetos en las hojas que desplegaba en mi "mesa de dibujante", y junto a mi madre modista que se sentaba a coser a mi lado, yo escuchaba las conversaciones de los carreros changarines -parroquianos habituales de todas las noches- que llegaban al boliche de los "turcos almaceneros" a "cenar" su picadita de salame y queso con el vinito económico de la casa. Esos trabajadores sin salario fijo ni obra social que los ampare, sin vacaciones ni vivienda digna, sin más pilchas que las puestas, sin nada de nada, hablaban permanentemente de las cosas cotidianas que les sucedían en los días rutinarios de aquel trabajo incierto que consistía en trasladar en carros los muebles, los materiales para la construcción, las ocasionales mudanzas, y todas las mercaderías que en la zona del mercado de abasto de Paraná se hacía a tracción a sangre. Lo mismo que hoy se hace pero con el servicio de los taxi flet... En una de esas conversaciones jornaleras, entre risas y gestos que denunciaban ya el efecto inconfundible del "vino compañero", escuché que uno de los changarines le decía a sus compañeros: "La verdad es que hoy fue un día malo para mí, porque hoy no he conseguido changas..." ¡Dios mío!, bastó escuchar esta frase (más tarde advertí que era un perfecto verso octosilábico) para dejar el dibujo de lado y escribir urgentemente en una servilleta cualquiera los otros versos de ocho sílabas que venían atropellándose en mi mente. Y fue de un tirón nomás que nació esta coplita: Qué me esperará mañana si no gano mi jornal, hoy no he conseguido changas no tengo ni pa´yerbear Creo que a partir de ese momento, más que el músico o el cantor, nacía en mí el poeta. Porque desde entonces me preocupé por trabajar la palabra en vuelo lírico, y hasta hoy no he hecho otra cosa que pulir el verso y la estrofa y escribir canciones poetizando o musicalizando todo lo que yo he considerado un buen poema. Que otra cosa muy distinta es escribir letras... como letrista. Así de sencilla es la historia del nacimiento de mi primer hijo hecho canción: CANCIÓN DEL JORNALERO. Después... después las infinitas anécdotas en torno a esta obrita de la adolescencia que fue la primer canción que escribí en mi vida."