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Decir --no le deis lugar al diablo equivale a no darle lugar a la duda, pues tal querubín caído se transformó en el padre de mentira para siempre. Es la tal duda, el jaque-mate final ejecutado por la apostasía. La decepción de hoy que se juega en el tablero de la sociedad se está convirtiendo en un peligro real y letal para el cristianismo verdadero.