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Kathleen Conklin es una estudiante de filosofía que es mordida en el cuello por una mujer que luego desaparece. Con el correr de los días surgen los síntomas: rechazo a la luz, asco hacia la comida, temblores. Hasta que Kathleen se rinde a la sed y sale a la calle buscando sangre.
Tenía que ser el inclasificable y desatado director Abel Ferrara (Maldito Policía) quien reviviera el mito vampírico de la forma menos esperada. Con cero concesiones al kitsch o a los aspectos más superficiales del género, Ferrara usa el vampirismo para explorar la idea de la adicción, la crueldad del hombre hacia el hombre y las nociones de moral y libre albedrío que para su heroína saltan de los libros a la vida en una noche. Un filme clave, fotografiado en crudo blanco y negro en locaciones reales.