У вашего броузера проблема в совместимости с HTML5
Estamos en las lejanas y míticas tierras de Inglaterra. El día amanece inusualmente azul y radiante, las banderas y estandartes se alzan sobre las almenas ondeando en calma y hasta el rojo de los tejados parece más brillante y llamativo. Se avecina una rutinaria jornada para los habitantes del castillo que dan la bienvenida a una comitiva procedente de un cercano reino.
Sin embargo a Ragnir, el viejo y pendenciero dragón de esas tierras, no parecen gustarle especialmente los días primaverales, él prefiere las plomizas tardes de niebla donde el frío y la oscuridad se adueñan de cada rincón del reino y hasta del corazón y la mente de sus habitantes. Por eso ha decidido abandonar durante unas horas su guarida y el tesoro que celosamente custodia en su interior dispuesto a turbar la paz de aquel soleado día. Para él es solo un divertimento, una escaramuza sin importancia, pues no hay flecha, ni lanza en todo el reino capaz de atravesar sus correosas escamas ni mucho menos la coraza de piedras preciosas que lleva incrustada en su vientre.
Así pues caballeros y lanceros, ante la voz de alarma que anuncia la presencia del dragón, empuñan sus armas y se disponen a repeler el ataque de la singular bestia.
¿Quién dijo que éste iba a ser un día tranquilo?...