Un bellisimo canto a papâ escrito por Daniel Salzano en la produccion de Yaco Gonzalez del âlbun "Los Enamorados" de nuestro magnifico cantante Jairo.
En el mismo hace mención a Don Arturo Humberto Illía quien fuera medico en Cruz Del Eje y luego presidente de la nación en 1963 infelizmente derrocado por espurios intereses internacionales de la mano tenebrosa de los serviles de la antipatria. Don Arturo represento sin duda la mas pura ética jamâs antes vista instalada en el sillón presidencial .....
Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca mas un presidente hizo lo que el hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero se encariñó con Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito (Jairo). Atendió a los humildes y peleó por la libertad y la justicia para todos.
Fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy más facturan en el planeta : los medicamentos y el petróleo.Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia
Jairo nos cuenta una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal.
Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo.
El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama , se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González.
Apenas vio a la nenita dijo: " Hipotermia ".
- " No se si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir ", .
La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo.
Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas.
- " ¿ No le va a dar un remedio, doctor ? ", preguntó ansiosa la madre.
Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.
A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche.
Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre.
Yo tenía 11 años cuando los golpistas lo arrancaron de la casa de gobierno.
Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
- Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.
Y mi viejo tuvo razón.
Mucha tragedia le esperaba a este bendito país.
Lo recuerdo con su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.
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Marito "Jairo" González