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Después de que Thrall lograra salvar a Grom, Mannoroth los atrajo a unos cráteres formados por los infernales caídos, donde esperaba matar a Thrall y re-esclavizar a Hellscream. Thrall se enfrentó al señor de los demonios en batalla centrando toda su fuerza en el lanzamiento de su poderoso martillo Doomhammer. Mannoroth aplaudió su esfuerzo aunque sólo le había causado un rasguño en su ala. Entonces golpeó a Thrall con un golpe que lo lanzó por los aires golpeándolo contra el risco del abismo y quedándose solo junto a Hellscream. Mannoroth recordó a Grom que su cuerpo y alma le pertenecían y se enorgullecía afirmando que la maldición de sangre jamás se rompería. Entonces Hellscream se enfrentó a dos decisiones: rendirse a la corrupción demoníaca una vez más o resisitir y salvando a Thrall y a su raza. Negando a aceptar que los orcos quedaran corrompidos para siempre, se puso del lado de los suyos. En una último y heroico gesto, Grom eludió las defensas de Mannoroth y clavó su arma en el pecho.